Un saludo a Sergio el hermano mayor, a la junta de gobierno de la Pontificia y Real Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de la Esperanza y también a todos los hermanos y devotos reunidos para celebrar esta Eucaristía. La sagrada imagen de santa María de la Esperanza vuelve a esta Santa Iglesia Catedral Basílica casi a los cien años. En aquella primera fecha vino buscando refugio y protección entre sus muros ante la barbarie de la contienda civil que asolaba nuestro país y especialmente Málaga. Hoy vuelve alegre y dichosa y nosotros con ella, después de lo vivido en la clausura a nivel mundial del Jubileo de la Esperanza de las Hermandades y Cofradías en el Vaticano. Viene la sagrada imagen del corazón de la Iglesia universal la Basílica de San Pedro al corazón de la Iglesia que peregrina en Málaga, esta Catedral que nos acoge expectante.
Todos los que hemos participado en los eventos de estos días en la ciudad eterna, en Roma y los millones que lo han seguido por los medios de comunicación; traemos las pupilas y el corazón lleno de imágenes, experiencias, emociones y sobre todo de gracia de Dios. Por eso quiero presentar ante el altar, para dar gracias al Señor por todo lo vivido, algunos momentos de esta peregrinación jubilar en el año de la esperanza. Es justo y necesario volcar en la liturgia eucarística todas esas vivencias que quedarán para siempre en nuestro acerbo espiritual, para que tocadas por la acción del Espíritu en esta celebración se conviertan en nuestra vida en un venero de donde siga manando nuestra fidelidad al evangelio y nuestro empeño misionero.
Recordar en primer lugar los días en que estuvieron expuestas a la veneración de los fieles las sagradas imágenes del Santísimo Cristo de la Expiración y María Santísima de la Esperanza en la capilla de la Presentación de la Virgen en la basílica de San Pedro del Vaticano. Allí se vivieron momentos de encuentro, oración, silencio y miradas sublimes entre nuestra Madre y todos lo que seacercaban a contemplar tan insólito acontecimiento. Ha sido la primera vez que este primer templo de la cristiandad acogía a dos imágenes andaluzas. El espacio sagrada sobrecoge siempre y ayuda a elevar el espíritu a Dios, no solo contemplando la belleza y la armonía del entorno sino también recordando todos las celebraciones religiosas que a lo largo de los siglos se han vivido en este lugar sagrado. Un edificio que está impregnado de espiritualidad. Ha sido también un momento propicio para catequizar a todos los peregrinos de tantos lugares del mundo que se acercaban y a los que había que explicar la herencia cultural, artística, estética y sobre todo espiritual que representan las sagradas imágenes. Abandonamos la Basílica dando gracias al Señor por la oportunidad histórica de dar testimonio de como los cofrades andaluces vivimos nuestra fe.
El segundo momento inolvidable ha sido la procesión desde la plaza Pía hasta San Pedro por la majestuosa vía de la Conciliacione. Era un momento para la contemplación. Presididos por la sencilla cruz de madera del Jubileo y por el estandarte de la Archicofradía, recorrimos caminando este último trayecto de nuestra peregrinación que nos recordaba que somos peregrinos en el camino de la vida, que de Dios salimos y a El volvemos; pero los hermanos de la Esperanza los vivimos como romeros. Para nosotros las peregrinaciones son romerías, porque caminar con los hermanos para encontrarse con el Señor o la Virgen siempre es un motivo de alegría y gozo, algo tan propio de nuestra cultura andaluza. Como dice el poeta León Felipe: “Ser en la vida romero, romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos. Ser en la vida romero, sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo. Ser en la vida romero, romero, sólo romero. Que no hagan callo las cosas si en el alma ni en el cuerpo, pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero, ligero, siempre ligero”. Fue imposible contener la emoción y entre oraciones y cantos marianos se entremezclaban los vítores y las aclamaciones que nacen de la devoción más autentica y del amor más genuino a María Santísima de la Esperanza. Cruzamos la Puerta Santa consciente de que era uno de los momentos sagrados de la peregrinación. La puerta que como bien sabemos esCristo el Señor, así mismo se llama Él en el evangelio de San Juan; “Yo soy la puerta, el que entre por mí se salvará; y entrará y saldrá, y hallara pastos”. Nos detuvimos en la capilla donde se venera el cuerpo de San Juan Pablo II que concedió al templo de la Archicofradía el título de Basílica Papal y autorizo la coronación canónica de nuestra bendita Madre de la Esperanza. La profesión de fe ante la tumba del apóstol Pedro que nos sumergía en el devenir histórico de la comunidad cristiana a largo de los siglos y el canto de la salve ante la imagen de la Virgen puso fin a este momento cumbre de nuestra peregrinación.
Ahora podríamos recordar la celebración de la Eucaristía en la Cátedra de San Pedro; presidida por el arzobispo de Sevilla, Monseñor José Ángel Saiz Meneses y sus certeras palabras en la homilía que ahondaban en el sentido autentico de la peregrinación y nos animaba a volver renovados en la fe y fortalecidos en nuestro compromiso de ser evangelizadores desde nuestro ser cofrades. O detenernos de los detalles de la gran procesión, que con tanta profusión de imágenes han comentado los distintos medios de comunicación. Yo sin embargo quiero fijarme en un detalle que posiblemente ha pasado más desapercibido, o se ha comentado menos y es el esfuerzo y el trabajo del equipo humano que ha cargado con la responsabilidad de organizar y llevar a cabo todo el entramada de estos actos.
Sergio puedes estar muy orgulloso de estos hombres y mujeres que te acompañan. Todos podemos suponer la logística que este evento ha supuesto antes, durante y después de su celebración. Pero quiero resaltar el ambiente de fraternidad y colaboración que se ha vivido a lo largo de estos días sobre todo en el tinglao donde se preparaban el paso del Cachorro y el trono de la Esperanza. He sido testigo del ambiente de trabajo, responsabilidad, colaboración y hermandad que se palpaba entre todos. Nada de malas caras, de afán de protagonismo, de enfados por las improvisaciones de última hora. Han sido días duros de esfuerzo, de sacrificio, de incomodidad, en una ciudad extraña y compleja como Roma. Una fraternidad que no solo se ha vivido entre los hermanos de la Archicofradía de la Esperanza sino también con los hermanos de la Expiración del Cachorro. Sin duda esta confraternización ha sido el primer fruto y uno de los mas importantes de esta peregrinación. El Santísimo Cristo de la Expiración y María Santísima de la Esperanza nos han acompañado y bendecido para que todo saliera como ha salido, extraordinariamente bien.Felicitamos a todos los hermanos de la albaceria, hombres de trono, miembros de la banda de música y demás colaboradores que han sido muchos.
El Santo Padre León XIV también nos envía su saludo a través del arzobispo de Sevilla con quien departió después de la audiencia general de ayer miércoles con estas palabras: ”Manifiesto mi agradecimiento por la participación en la procesión, que vivamos intensamente la vida cristiana y cofrade, la búsqueda y el encuentro con Dios y que evangelicemos con alegría”.
Finalizamos la homilía haciéndonos eco de la aclamación que surgiendo en la plaza Celimontana, envolviendo el Coliseo e invadiendo la avenida de San Gregoria acompaño el trono de nuestra madre a lo largo de todo su recorrido, Viva la Virgen de la Esperanza.