La procesión incorpora la figura de los maceros

Una de las novedades de la Archicofradía de cara a la salida penitencial del presente año será la incorporación de los maceros, una reminiscencia de la singular figura de los heraldos que desfilaban en el cortejo procesional de la hermandad durante el siglo pasado.

Hoy en día, los maceros ostentan en las instituciones un papel ceremonial, estando presentes en determinados actos como la apertura de las Cortes Generales, visitas de Jefes de Estado u otras ceremonias, otorgando solemnidad y tradicionalismo. Sin embargo, su papel originario era el de preceder a la realeza, desempeñando una misión protectora de los representantes.

La estética de los maceros toma su inspiración de la obra pictórica de Francisco Pradilla y Ortiz “La rendición de Granada”, que se encuentra en la Sala de Conferencias o Salón de los Pasos Perdidos del Palacio del Senado de España. Culminada en 1882, representa el momento en el que, tras su derrota en la Guerra de Granada, el rey Boabdil entrega las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos.

En el caso de la Archicofradía, los heraldos datan de los años 50 del pasado siglo. Se idearon para que dos hombres de trono, ataviados de esta guisa, portasen el enorme escudo de la Archicofradía que figuraba en la procesión, actuando como tenantes (concepto que en heráldica designa a las figuras humanas que flaquean una insignia, sosteniéndola).

El traje que aún hoy atesora la Archicofradía consta de un tabardo de terciopelo carmesí, jalonado en toda su extensión (en las caras anterior y posterior) por un blasón cuartelado con las armas de Castilla, León, Aragón y Navarra, con el escusón de Borbón-Anjou al centro y en la punta las armas de Granada, que es el que aparece en el escudo de España. En el cuello se dispone el Collar de la Orden del Toisón de Oro. Ambos elementos -el blasón y el collar- aparecen en el propio escudo de la Archicofradía. Finalmente, el atuendo se remata por un birrete de terciopelo carmesí, adornado por un penacho de airosas plumas conocido como airón, así como por unas antiguas mazas de madera, que confieren poder y dignidad.

En el cortejo se incorporarán escoltando a la bandera pontificia -igualmente de estreno en nuestra procesión- en la sección de la Virgen, contribuyendo a exponer con una impronta solemne y ceremoniosa nuestros estrechos vínculos con la Santa Sede, reforzados tras el pasado Jubileo de las Cofradías, durante el cual la Santísima Virgen estuvo expuesta a la veneración de los fieles en la Basílica de San Pedro del Vaticano.

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