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TIEMPO DE CUARESMA, POR ANDRÉS GARCÍA INFANTE

Estimados hermanos y hermanas de la Archicofradía:

miniatura.aspAcabamos de comenzar uno de los tiempos fuertes de la Iglesia, la Cuaresma. En estos cuarenta días la Iglesia recuerda el retiro del Señor en el desierto -donde fue tentado por Satanás- y llama a los fieles a la conversión del corazón, a fin de prepararnos para la celebración de los santos misterios de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

Hoy da comienzo este tiempo de penitencia con la imposición de la ceniza, cuyo significado queda recogido en el artículo 125 del Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia:

El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las cenizas, que distingue la Liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.

 

pablo raezEn efecto, en el pórtico de entrada a la Cuaresma se nos recuerda nuestra frágil condición creatural. Reconocer esto constituye -sin duda alguna- una sana disposición mental, pues nos ayuda a captar la enorme belleza de la vida, así como la fugacidad del tiempo. Ejemplo de esto nos lo ha dado el recientemente fallecido Pablo Ráez, el cual tras la experiencia de la enfermedad afirmó que ésta le había ayudado a vivir con profundidad: “muchas veces voy andando por la calle y se me saltan las lágrimas por ver la naturaleza, algo que jamás me había ocurrido”. Así pues, la cuaresma nos ayuda a tomar distancia del ambiente social que nos anestesia y aliena para mirar más allá de nuestro ombligo. ¡Apreciemos la belleza del don de la vida! ¡Vivamos de manera consciente el misterio de la existencia!

La Cuaresma es tiempo de penitencia, de desintoxicación. Es sano para el cuerpo y el alma que nos desliguemos de tantas esclavitudes que socavan nuestra integridad personal. Ahora bien, conviene señalar que este ejercicio de ascesis no significa que nosotros, por nuestras buenas obras y solas fuerzas, compramos la salvación de Dios. Esto sería como aquella escena del barón de Münchhausen que me marcó de pequeño: el barón trataba de salir de las arenas movedizas tirando de su propia coleta. No, la ascesis cristiana consiste en vaciarnos de tantas cosas que nos lastran a fin de dejarle espacio a Dios.

El papa San Juan Pablo II lo expresó de una manera muy hermosa en su mensaje de Cuaresma del año 2002:

La Cuaresma, que es una ocasión providencial de conversión, nos ayuda a contemplar este estupendo misterio de amor. Es como un retorno a las raíces de la fe, porque meditando sobre el don de gracia inconmensurable que es la Redención, nos damos cuenta de que todo ha sido dado por amorosa iniciativa divina. Precisamente para meditar sobre este aspecto del misterio salvífico, he elegido como tema del Mensaje cuaresmal de este año las palabras del Señor: “Gratis lo recibisteis; dadlo gratis”(Mt 10, 8).

Y continúa afirmando:

Dios nos ha dado libremente a su Hijo: ¿quién ha podido o puede merecer un privilegio semejante? San Pablo dice: “todos pecaron y están privados de la gloria de Dios y son justificados por el don de su gracia” (Rm 3, 23-24). Dios nos ha amado con infinita misericordia, sin detenerse ante la condición de grave ruptura ocasionada por el pecado en la persona humana. Se ha inclinado con benevolencia sobre nuestra enfermedad, haciendo de ella la ocasión para una nueva y más maravillosa efusión de su amor. La Iglesia no deja de proclamar este misterio de infinita bondad, exaltando la libre elección divina y su deseo de no de condenar, sino de admitir de nuevo al hombre a la comunión consigo.

“Gratis lo recibisteis; dadlo gratis”. Que estas palabras del Evangelio resuenen en el corazón de toda comunidad cristiana en la peregrinación penitencial hacia la Pascua. Que la Cuaresma, llamando la atención sobre el misterio de la muerte y resurrección del Dios, lleve a todo cristiano a asombrarse profundamente ante la grandeza de semejante don. ¡Sí! Gratis hemos recibido. ¿Acaso no está toda nuestra existencia marcada por la benevolencia de Dios?

Papa Francisco confesándose en el Vaticano 2

En efecto, los ídolos que nos esclavizan ocupan el lugar que solo corresponde a Dios. Hay que dejarse sanar por Dios, convertir nuestro corazón a su ternura, acoger su salvación inmerecida y responder a su amor con nuestras buenas obras. ¡Qué mejor momento para acudir al bálsamo del Sacramento de la Reconciliación!

Termino con unas palabras que el papa Francisco nos dirige en su mensaje de Cuaresma de este año:

La Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor ‘que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador’ nos muestra el camino a seguir.

Que el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados.

 

 

Andrés E. García Infante

Vocal de Formación

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