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Aniversario de la muerte de San Juan Pablo II

Hoy, 2 de abril de 2018, se cumplen 13 años del fallecimiento de Su Santidad el Papa San Juan Pablo II. Durante su pontificado fue coronada canónicamente María Santísima de la Esperanza y concedido el título de Basílica Menor al templo en el que aguardan Nuestros Sagrados Titulares.

7 de febrero, misa por el eterno descanso de D. Antonio Manuel Garrido Moraga

La misa por el eterno descanso de nuestro hermano y consejero D. Antonio Manuel Garrido Moraga será el miércoles 7 de febrero en la Basílica de la Archicofradía a las 20:30 horas.

Rogamos oraciones por su alma.

Antonio

Tenía el cuerpo grande, el verbo fácil y las ideas claras. Contaba en su haber con una formidable inteligencia y una capacidad enorme de trabajo que, a veces, quedaba oculta o deslumbrada por su proverbial brillantez. Era de esas personas hechas a sí mismas, que saben lo que quieren y a dónde van. Y con esos mimbres puso en pie una biografía rutilante y una ejecutoria profesional que le llevó hasta Nueva York, partiendo de Canillas de Aceituno.

Alcanzó, claro está, la notoriedad y no desdeñó nunca los llamamientos recibidos desde distintos ámbitos, desenvuelto y cómodo con una presencia mediática y social intensa que abarcaba las actividades más dispares, realizadas siempre con una extremada competencia.

Antonio estaba en política, en la universidad, en la crítica literaria o donde fuera, pero era de La Esperanza y, además, lo dejaba claro.

Tenía una concepción del ser cofrade que estaba en la raíz y el fundamento mismo de la tradición: algo que se recibe y se entrega. Una adscripción sagrada que se hereda de los mayores, se vive con apasionamiento y se trasmite a la descendencia con toda convicción. Un itinerario vital, predestinado, que impregna tu personalidad y te identifica.

Así lo sintió y lo ha vivido en medio de nosotros.

Todos sus ritos, las frases acuñadas, sus costumbres invariablemente oficiadas cada Jueves Santo, revelan (revelaban) la intención de fundirse en la esencia y las maneras de nuestra Cofradía, en las cosas, visibles o invisibles, que desde hace siglos la fundamentan y conforman. Porque el “¡archicofrades: en pie!”, “la estrella de Matías Abela”, la tinta verde de su estilográfica o “la divina prisionera del romero”, como tantas otras cosas suyas (o que se le atribuyen), tenían siempre el denominador común de vivir –y explicitar- la devoción por los Titulares con la misma impronta y el idéntico talante de los cofrades míticos que nos precedieron dejándonos esa espléndida realidad que llamamos –él siempre en voz alta- el Paso y la Esperanza.

Más allá del pregonero de verbo arrebatado que cantaba la gloria de la Semana Santa de Málaga, o del poseedor del saber insondable de su historia y su leyenda, yo me quedaré siempre con el cofrade, esperancista hasta la médula, que fundió su túnica verde en lo más hondo de su personalidad y nos legó una manera, vital y distintiva, de vivir la Cofradía.

Carlos Ismael Álvarez

Comunicado: Misa por el eterno descanso de D. Antonio Manuel Garrido Moraga


Hermanos informamos que la misa por el eterno descanso de nuestro querido Hermano y Consejero Antonio Manuel Garrido Moraga será esta tarde a las 18:00h. en Parcemasa.

Tanatosala 22

 

Si hubiera cambios de última hora se participará a través de los medios de comunicación de la Archicofradía.

Fallece D. Antonio Manuel Garrido Moraga

Con profundo pesar comunicamos el fallecimiento de nuestro queridísimo hermano D. Antonio Manuel Garrido Moraga. Descanse en Paz.

El profesor, académico y cofrade D. Antonio Manuel Garrido Moraga fue nazareno de la Virgen de la Esperanza, consejero de la Junta de Gobierno de la Archicofradía y pregonero de nuestra Semana Santa.

En el seno de la Esperanza

¡Ojalá no tuviera que escribirla! ¡Ojalá que hubiera podido dedicar la Lámina a la planteada Magna! No ha podido ser, tengo que recordar en este océano de la página en blanco, al archicofrade, al médico, al amigo, a Luis Ignacio. No quiero que el lector piense que estoy haciendo una necrológica, quisiera que estas palabras fueran unas pinceladas de vivencia, de momentos compartidos, casi todos de felicidad y algunos de tristeza.

Existe en cada corporación nazarena imaginarios que se han transmitido de generación en generación. En la nuestra, los “moraos”, los del Señor, tienen fama de más serios y de mayor prosapia y los “verdes” somos más mundanos y jacarandosos, quizás sí. Voy a descubrir un secreto. Durante muchos años, unos minutos antes de salir de la basílica, un grupo de verdes y moraos, cinco y siempre los mismos, abríamos el mueble donde se guarda el vino de misa y como si de monaguillos se tratara, vertíamos el precioso líquido en la campanilla de plata de Juan Ignacio Montañés y nos la bebíamos como un rito para que la procesión fuera un éxito, siempre lo es pero no estaba de más una inocente liturgia.

Cuando en la niebla de los tiempos salí de bastón fijo Luis Ignacio era el mayordomo de la sección y nos llevaba con sencillez, sin rigorismo, ese era su carácter, esas fueron las normas de toda su vida: alegría y servicio.

La sonrisa de Luis Ignacio ha ayudado a muchos, siempre una palabra amable, un gesto cálido, un ánimo

No sé si hizo el juramento hipocrático pero lo aplicó con exactitud. Fue colega del que esto escribe como profesor de nuestra universidad y ejerció la medicina en su doble sentido: curar y practicar el sentimiento humanitario del consuelo y de la ayuda. Mi rodilla lo sabe bien y en momentos de mayor gravedad nunca me faltó su visita y, sobre todo, su ánimo. La sonrisa de Luis Ignacio ha ayudado a muchos, siempre una palabra amable, un gesto cálido, un ánimo. En cierta ocasión evitó que una escayola mal puesta dejara dañado el brazo de mi hija Laura, él recolocó el hueso y salvó la situación. En mi familia le tenemos, sí, en presente, mucho que agradecer y no es caso de extenderme.

Compartimos la afición taurina y siempre nos veíamos en la plaza. Teníamos una comunicación frecuente y por si fuera poco compartimos cariño por Alhaurín el Grande. Serían innumerables las anécdotas cofrades. Estábamos sentados juntos cuando se presentó el proyecto de nueva túnica del Señor y recuerdo con cuánto entusiasmo defendía sus argumentos. Era apasionado y tenía al mismo tiempo una permanente voluntad de acuerdo y de concordia. En esta hora trágica recuerdo que siempre me recordaba lo malo que es el sobrepeso para la salud y para la tan sufrida rodilla, ¡qué paradoja!

Su fe era absoluta y su amor a la Virgen de la Esperanza infinito. Fue durante décadas nazareno y ocupó todos los puestos imaginables en el cortejo y lo hizo con entrega y eficacia. Se consideraba una pieza más de ese mosaico que es el soberbio desfile procesional de la Archicofradía, la de la ciudad, con la que Málaga se siente identificada desde hace siglos.

Muchas veces nos poníamos de rodillas al mismo tiempo para recibir la bendición del Señor y la misma emoción nos llegaba hasta lo más hondo; también, muchas otras, me acompañó hasta la tribuna a la hora de pedir la NO venia. Nosotros “venimos en pasar”, nada de licencias a quien tiene centurias sobre sus glorias nazarenas.

En este periódico publicó en el día grande del Jueves Santo colaboraciones de encendido amor a quien ya lo ha acogido en su seno de Madre, en el seno de la Esperanza.

Antonio Garrido

Luis Ignacio

Me dijo hace quince días refiriéndose a sus nietas: “las he traído para que lo vivan”. La cosa iba de madrugar un domingo para una cruceta extraordinaria en la que se tanteaba la posibilidad de meter el trono de la Virgen por una calle inédita y luego desayunar, todos juntos, chocolate y churros. Y él, naturalmente, estaba allí para que nadie tuviera que contárselo, para vivirlo con sus dos nietas de la mano.

He conocido personas más dedicadas en cuerpo y alma al quehacer cofrade o que le hubieran echado más horas a la Cofradía. Pero en muy pocas he visto, sostenido a lo largo del tiempo, más devoción por la Virgen de la Esperanza y más amor y pasión por una Cofradía que antepuso siempre a otras muchas cosas.

Porque todos los Luis Ignacio que he conocido en más de 50 años, (el corredor de medio fondo, el profesor universitario, el cirujano taurino, el conversador nato, el cazador en la sierra de Alhaurín, el propietario del Mini Cooper rojo que cuidaba como la reliquia que realmente era, el antiguo alumno de los Agustinos, el que te hacía siempre el favor que le pidieras…) no superaron nunca en intensidad ni en sentimiento al cofrade esperancista por los cuatro costados que, sobre todas las cosas, siempre fue.

Y así se ha ido junto al Señor del Paso y la Virgen de la Esperanza, dándonos sin saberlo ni pretenderlo, el ejemplo impagable de transmitir a sus nietas el mismo amor y entusiasmo por la Cofradía que él recibió de sus mayores.

Carlos Ismael Álvarez