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En el seno de la Esperanza

¡Ojalá no tuviera que escribirla! ¡Ojalá que hubiera podido dedicar la Lámina a la planteada Magna! No ha podido ser, tengo que recordar en este océano de la página en blanco, al archicofrade, al médico, al amigo, a Luis Ignacio. No quiero que el lector piense que estoy haciendo una necrológica, quisiera que estas palabras fueran unas pinceladas de vivencia, de momentos compartidos, casi todos de felicidad y algunos de tristeza.

Existe en cada corporación nazarena imaginarios que se han transmitido de generación en generación. En la nuestra, los “moraos”, los del Señor, tienen fama de más serios y de mayor prosapia y los “verdes” somos más mundanos y jacarandosos, quizás sí. Voy a descubrir un secreto. Durante muchos años, unos minutos antes de salir de la basílica, un grupo de verdes y moraos, cinco y siempre los mismos, abríamos el mueble donde se guarda el vino de misa y como si de monaguillos se tratara, vertíamos el precioso líquido en la campanilla de plata de Juan Ignacio Montañés y nos la bebíamos como un rito para que la procesión fuera un éxito, siempre lo es pero no estaba de más una inocente liturgia.

Cuando en la niebla de los tiempos salí de bastón fijo Luis Ignacio era el mayordomo de la sección y nos llevaba con sencillez, sin rigorismo, ese era su carácter, esas fueron las normas de toda su vida: alegría y servicio.

La sonrisa de Luis Ignacio ha ayudado a muchos, siempre una palabra amable, un gesto cálido, un ánimo

No sé si hizo el juramento hipocrático pero lo aplicó con exactitud. Fue colega del que esto escribe como profesor de nuestra universidad y ejerció la medicina en su doble sentido: curar y practicar el sentimiento humanitario del consuelo y de la ayuda. Mi rodilla lo sabe bien y en momentos de mayor gravedad nunca me faltó su visita y, sobre todo, su ánimo. La sonrisa de Luis Ignacio ha ayudado a muchos, siempre una palabra amable, un gesto cálido, un ánimo. En cierta ocasión evitó que una escayola mal puesta dejara dañado el brazo de mi hija Laura, él recolocó el hueso y salvó la situación. En mi familia le tenemos, sí, en presente, mucho que agradecer y no es caso de extenderme.

Compartimos la afición taurina y siempre nos veíamos en la plaza. Teníamos una comunicación frecuente y por si fuera poco compartimos cariño por Alhaurín el Grande. Serían innumerables las anécdotas cofrades. Estábamos sentados juntos cuando se presentó el proyecto de nueva túnica del Señor y recuerdo con cuánto entusiasmo defendía sus argumentos. Era apasionado y tenía al mismo tiempo una permanente voluntad de acuerdo y de concordia. En esta hora trágica recuerdo que siempre me recordaba lo malo que es el sobrepeso para la salud y para la tan sufrida rodilla, ¡qué paradoja!

Su fe era absoluta y su amor a la Virgen de la Esperanza infinito. Fue durante décadas nazareno y ocupó todos los puestos imaginables en el cortejo y lo hizo con entrega y eficacia. Se consideraba una pieza más de ese mosaico que es el soberbio desfile procesional de la Archicofradía, la de la ciudad, con la que Málaga se siente identificada desde hace siglos.

Muchas veces nos poníamos de rodillas al mismo tiempo para recibir la bendición del Señor y la misma emoción nos llegaba hasta lo más hondo; también, muchas otras, me acompañó hasta la tribuna a la hora de pedir la NO venia. Nosotros “venimos en pasar”, nada de licencias a quien tiene centurias sobre sus glorias nazarenas.

En este periódico publicó en el día grande del Jueves Santo colaboraciones de encendido amor a quien ya lo ha acogido en su seno de Madre, en el seno de la Esperanza.

Antonio Garrido

El 20 de octubre, funeral por el alma de nuestro hermano D. Luis Ignacio Méndez

El funeral por el alma de nuestro hermano D. Luis Ignacio Méndez, consejero de la Archicofradía, será el viernes 20 de octubre en la Basílica de la Esperanza a las 20:00 horas.

Rogamos oraciones por el eterno descanso de nuestro hermano.

Misa por el eterno descanso de D. Luis Ignacio Méndez Pérez

Hermanos informamos que los restos mortales de nuestro hermano D. Luis Ignacio Méndez Pérez  q.e.p.d. llegarán a Málaga el jueves  5 de octubre, la misa por su eterno descanso se celebrará en Parcemasa a las 13,00 horas.

Si hubiera cambios de última hora, se informará a los hermanos a través de las plataformas de comunicación de la Archicofradía.

Luis Ignacio

Me dijo hace quince días refiriéndose a sus nietas: “las he traído para que lo vivan”. La cosa iba de madrugar un domingo para una cruceta extraordinaria en la que se tanteaba la posibilidad de meter el trono de la Virgen por una calle inédita y luego desayunar, todos juntos, chocolate y churros. Y él, naturalmente, estaba allí para que nadie tuviera que contárselo, para vivirlo con sus dos nietas de la mano.

He conocido personas más dedicadas en cuerpo y alma al quehacer cofrade o que le hubieran echado más horas a la Cofradía. Pero en muy pocas he visto, sostenido a lo largo del tiempo, más devoción por la Virgen de la Esperanza y más amor y pasión por una Cofradía que antepuso siempre a otras muchas cosas.

Porque todos los Luis Ignacio que he conocido en más de 50 años, (el corredor de medio fondo, el profesor universitario, el cirujano taurino, el conversador nato, el cazador en la sierra de Alhaurín, el propietario del Mini Cooper rojo que cuidaba como la reliquia que realmente era, el antiguo alumno de los Agustinos, el que te hacía siempre el favor que le pidieras…) no superaron nunca en intensidad ni en sentimiento al cofrade esperancista por los cuatro costados que, sobre todas las cosas, siempre fue.

Y así se ha ido junto al Señor del Paso y la Virgen de la Esperanza, dándonos sin saberlo ni pretenderlo, el ejemplo impagable de transmitir a sus nietas el mismo amor y entusiasmo por la Cofradía que él recibió de sus mayores.

Carlos Ismael Álvarez