Homilía, 1º día de triduo: “No podemos apartar ni la mirada ni el alma de la vida del Nazareno del Paso”

Señor hermano Mayor de la Real y Pontificia Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de la Esperanza Coronada, miembros de la Junta de Gobierno y fieles todos. No puedo comenzar de otra manera que agradeciendo la invitación realizada por boca de vuestro rector para poder compartir estos días de culto y oración en torno al Dulce nombre de Jesús Nazareno del Paso y bajo la mirada atenta de María Santísima de la Esperanza Coronada

Al toque de la ceniza intensificamos nuestro trabajo en el interior de nuestra Archicofradía y vamos perfilando los detalles que nos tienen que llevar a mostrar un año más a fieles y devotos el misterio de amor que lleva a Jesús de Nazaret a cargar con su Cruz y recorrer el camino del Calvario, que es camino Esperanza para todos los que hemos sido tocados en el Corazón por su divina misericordia y, acompañando a su madre, que nos sigue invitando, una y otra vez, a escuchar sus palabras en las bodas de Caná que nos indican que en la alegría y en el dolor, en la salud y en la enfermedad no podemos apartar ni la mirada ni el alma de la vida del Nazareno del Paso y tenemos que dejarnos traspasar por su vida que es camino y verdad que nos conduce al Padre.

Pero hemos estar muy atentos porque el trabajo de campo en la albacería y en las diversas tareas de la Archicofradía pueden hacer que de tanto preparar un Jueves Santo de Pasión y Gloria en las calles nos descuidemos de lo fundamental, que en este grupo humano no es otra cosa que preparar nuestro cuerpo y nuestro espíritu para vivir con intensidad estos días que se avecinan

Comenzábamos ayer el tiempo de Cuaresma y lo hacíamos leyendo el evangelio en el que Cristo mismo nos ofrece tres medios para acercarnos de una forma más intensa a Dios en este tiempo. Hoy somos nosotros, miembros de esta Archicofradía, los que nos agarramos a la Cruz de la vida para recorrer, junto al Nazareno del Paso, este camino que nos invita a entrar en lo profundo de nuestra alma, para descubrir cuales son aquellos aspectos que nos separan De Dios y del hermano, y pedirle al Padre que nos conceda el ánimo y la Gracia para poder combatirlos.

Podemos caer en el error de pensar que este camino que ahora comenzamos es sólo un camino ascético que nos tiene que poner a tono en nuestra vida moral; pero si pensamos que la cuaresma es sólo eso, estamos muy equivocados, porque, la cuaresma es más; porque se nos invita a que entremos en lo mas profundo de nuestro ser para, tocando las fibras de nuestra alma, convertirnos y reencontrarnos en la senda de la muerte y Resurrección de Cristo en la que fuimos adscritos en el bautismo.

Las lecturas de hoy van por ahí. En la primera se le muestran a Israel dos caminos dispares e incompatibles: Vida o muerte, bendición o maldición, según elija servir al Señor o la ruptura de la alianza por la idolatría. Tal alternativa supone libertad y madurez de elección. El tema de los dos caminos es frecuente en la Biblia. Jesús también habló de la senda estrecha que conduce a la vida y de la ancha que lleva a la perdición. Dos opciones posibles, siempre ofrecidas a nuestra libre elección; pero sus consecuencias son muy dispares: la vida o la muerte, la nada o la transfiguración.

En el evangelio, después de anunciar Cristo su pasión, muerte y resurrección, viene a decir a sus discípulos que ser cristiano tiene un alto precio, porque no es un título que se nos regala para que lo luzcamos en la solapa sin más, sino que para ser contado entre los suyos, hemos de cumplir las condiciones que él mismo nos dice hoy en el Evangelio: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará”.

Son las paradojas que le gustaban a Jesús y que Dios nos propone continuamente. Los verbos renunciar, cargar la cruz y seguir a Cristo son sinónimos; como lo son, por extraño que parezca y paradójico que resulte, perder la vida por Cristo y ganarla definitivamente.

Este el el secreto de la cuaresma: perder la vida para ganarla, como Cristo. Es muy bonito de decir, pero en cuanto nos enfrentamos a nuestra vida, descubrimos nuestra debilidad, cuando con confrontamos con la realidad, descubrimos nuestro pecado; pecado que nos puede llevar a disculpar o incluso hacernos creer que vamos por la senda correcta. Hemos de estar muy atentos para no caer en la complacencia y buscar el camino de la muerte. Sí, me habéis escuchado bien, la muerte, pero no la muerte física como la entendemos, sino la muerte al pecado y a todo lo que nos aleja de Dios y del hermano, y más aun, la muerte a nosotros mismos; a vaciarnos de nuestro yo: de nuestra soberbia, de nuestro orgullo, de nuestro egoísmo, de nuestra lujuria, de nuestros odios y rencores, de nuestras faltas de solidaridad, de nuestras injusticias, pero, más aun, también de nuestros gustos y apetencias, de nuestros anhelos y ambiciones para, vaciándonos del todo, vayamos pidiendo la gracia de llenarnos de Cristo, de su amor, de su esperanza, de su alegría, en definitiva…de su Vida. Anhelar que no seamos nosotros y nuestros intereses, sino Cristo y su reino el que habita nuestro interior y nos empuja a salir y servir en la cotidianidad de nuestra vida a aquellos con los que nos vamos desgastando en nuestro día a dia (familia, miembros de la Archicofradía) y con los que nos vamos encontrando a cada momento. Que nuestro paso sea reflejo de ese hombre nuevo que no lucha por otra cosa, sino por Cristo, por su Reino y por ganar almas para Él.

Y haciendo ese esfuerzo, pidiendo esa gracia en nuestra vida, trabajando para que cada minuto no sea mío sino del Señor, iremos transformando nuestra realidad, iremos transformando nuestro día a día. Nos abandonará la tristeza, olvidaremos las insatisfacciones de nuestra vida, porque nuestro único afán no será otro que Cristo, y aunque descubramos que no damos frutos, tampoco desesperaremos porque nuestra vida no será nuestra, sino del Señor, que perdiendo su vida cargando y muriendo en la Cruz, resucita glorioso del Sepulcro y nos ofrece a todos los que queramos seguirle, por el camino que nos marca, la misma vida de plenitud.

Y es aquí que nos descubrimos como Archicofradía, como miembros de una Asociación pública de fieles que, desde la fe y la devoción al Nazareno del Paso, trabajando por cambiar nuestra realidad personal, vemos como animándonos unos a otros, ya no solo es nuestra realidad la que estamos llamados a cambiar, sino que nuestra meta va más allá. El esfuerzo personal, en el Nazareno del Paso, se convierte en esfuerzo compartido, y animándonos unos a otros, teniendo claro cual es la fe que nos une y la Gracia que nos mueve, tenemos que ir transformando, desde nuestra Archicofradía a nuestras familias y a todos los que nos encontremos a nuestro paso. Que descubran que no solo lucimos medalla, sino que ese privilegio se convierte en carga de amor y en llamada no solo para pensar que es posible vivir de otra manera, sino para poner todo nuestro empeño en vivir desde Cristo y para Cristo.

Pidamos hoy al Señor, a través de la imagen del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso, para que nuestra vida, al término de esta Cuaresma, no sea nuestra, sino de él, y que nuestro interés no sea el nuestro, sino el suyo, que busca la Salvación y la vida para todos los que quieran unirse a su causa. Que así sea.

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