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CREACIÓN DE UN SÍMBOLO

REPRODUCIMOS ÍNTEGRAMENTE EL ARTÍCULO QUE ANTONIO GARRIDO MORAGA HA PUBLICADO HOY EN LAS PÁGINAS DEL DIARIO SUR

Cuando, después de una enumeración, leemos etc., se nos abre una puerta a la ampliación del significado del término que se define. El Diccionario de la RAE nos explica la palabra símbolo de esta manera: «Elemento u objeto material que por convención o asociación se considera representativa de una entidad, de una idea, de una cierta condición, etc.». Ofrece dos ejemplos: «La bandera es  símbolo de la patria. La paloma es el símbolo de la paz».

El idioma acuña formas que proceden de la tradición popular o de la culta, que la primera acepta, y se hacen universales. Es el caso de la que sigue: «Andalucía es la tierra de María Santísima». Los hechos confirman el aserto plenamente. ¿Cuántas advocaciones marianas encontramos? Es difícil dar una cifra. Todas las ciudades, todos los pueblo, las aldeas, los barrios; los grupos sociales más diversos por nivel cultural, por renta, por ideas políticas, por tantas y tantas cosas se unen en un nombre y en una imagen.

Los mecanismos por los que una imagen mariana pasa de una devoción minoritaria a una extensión que supera límites geográficos han sido analizados por los estudiosos del hecho religioso; especialmente, en lo que se llama religiosidad popular. La presencia de lo sagrado en una imagen es lo que conceptualmente se denomina hierofanía.

Aparentemente la construcción de un símbolo sería consecuencia de un largo periodo de tiempo y no es así. De hecho, la historia nos muestra hierofanías que pierden la capacidad de atracción de fieles después de haberla tenido en grado eminente. Por otra parte, se da el caso contrario y en Málaga el ejemplo del Cautivo, Señor de Málaga,  es emblemático.

La Esperanza es una advocación muy extendida, muy popular, una hierofanía que se concreta en las diferentes imágenes que llevan el título. Muchas de estas imágenes son titulares de cofradías y otras asociaciones de raigambre popular, vuelvo a usar la palabra.

Los mecanismos van desde la tradición familiar a la impresión individual e instantánea. Todos los mecanismos emocionales y sociales contribuyen a la creación del símbolo. El nombre concreto no es determinante pero contribuye como es el caso.

La Esperanza es una de las virtudes y su significado es más que positivo, remite a la salvación, de ahí el ancla, el color verde y, en nuestro caso, el romero. La Esperanza es la imagen pasionista más antigua de la ciudad y su belleza es, sin duda, de una fuerza arrebatadora que supera los valores devocionales. En ella se unen ese elemento con una singular calidad estética. Como sucede con otras imágenes que son símbolos, no conocemos con certeza la autoría y este halo de misterio y su accidentada historia son rasgos que ayudan a su popularidad.

Vuelvo al lenguaje. Las imágenes reciben apelativos como Novia de Málaga, Señorita de San Juan, la del manto de flores, Zamarrilla. Los orígenes son variados y curiosos. El pleno valor simbólico de la Esperanza es que se la califica como la Virgen de Málaga, con referencia al topónimo y sin ninguna a otra cualidad.

Málaga es la ciudad y sus gentes. El título no deja dudas. En su escudo aparecen leyendas que proclaman los valores históricos y las grandezas de, tomaré una denominación popular, Málaga la Bella. Desarrollando el lema, Málaga es la ciudad de la Virgen de la Esperanza.

Como siempre y siempre con nuevos matices, el dieciocho, en su día, miles de personas pasarán a visitarla en un protocolo lleno de ternura y de solemnidad al mismo tiempo. La Virgen del pueblo, de su pueblo, es un símbolo, el mejor y más elevado.

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