HORARIO MISA VIERNES 22 DE MARZO

 

Basílica Esperanza

Se informa a los hermanos y fieles que el horario de misa de mañana viernes 22 de marzo será a las 21:00 horas, siendo oficiada la Eucaristía por el Vicario General de la Diócesis Ilustrísimo Monseñor Don José Antonio Sánchez Herrera.

 

El sábado 23 de marzo, a las 21:30, se celebrará el concierto de la Banda de Música de la Esperanza en la parroquia de Santo Domingo

Durante el transcurso del concierto se estrenarán 4 marchas dedicadas a la Virgen de la Esperanza, una de ellas compuesta por el afamado músico Abel Moreno.

El próximo 23 de marzo, la Banda de Música de esta Archicofradía ofrecerá el tradicional concierto de cuaresma. Será a las 21:30 en el interior de la parroquia de Santo Domingo de Guzmán.

En la primera parte del concierto se interpretarán las marchas:

-“Esperanza Reina de Málaga”, de Narciso Pérez Espinosa.
-“Reina Coronada”, de Juan Manuel Parra Urbano.

La segunda parte contará con los estrenos musicales para este año 2019, entre los que se encuentra:

-“… Y de la Esperanza”, de Adolfo Gálvez González.
-“Esperanza Malagueña”, de José Antonio Molero Luque.
-“A tus plantas, Esperanza”, de Jesús Joaquín Espinosa de los Monteros.
-“La Esperanza de Málaga”, de Abel Moreno Gómez, quien ya compusiera el año pasado la marcha dedicada al Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso, “Los Intendentes al Nazareno”.

NOTA INFORMATIVA

La casa de los Priego

Ya sólo quedo yo de los que íbamos a casa de los Priego. Era una especie de rito, cada año puntualmente repetido: el madrugón, el desayuno y las copas de aguardiente peleón en el figón aquel de la plaza de Mamely, la mañana del Domingo de Ramos. Los mismos comentarios, las bromas consabidas, la espera impaciente de don Manuel Utrera que llegaba siempre el último y pagaba. Excitados echábamos por fin a andar hasta la calle del Cerrojo, yo, casi un  niño, feliz con la escalera al hombro. Íbamos ya a por ella.

La casa no era ya lo que dicen que fue, estaba claro. Había gente alquilada y la dueña, que estaba muy mayor, ocupaba sólo un par de habitaciones que daban a la Huerta del Obispo. Todo indicaba que allí se habían vivido mejores tiempos, pero en el testero de la meseta de la escalera, entrando a la derecha del zaguán, encerrada en una desvencijada caja de madera, entre dos faroles con los cristales rotos, estaba la cruz.

Ahora resulta que estorbo aquí delante de Él. Pero ese de la capa y el martillo no había nacido cuando era yo quien aguantaba la escalera mientras la descolgaban de lo alto de la pared

A doña María le costaba enhebrar ya el discursito de todos los años y nos volvía a contar cómo su abuelo (don Manuel nos decía luego que no, su bisabuelo), un tonelero pudiente y más devoto que nadie del Señor del Paso, había donado la plata para su cruz y que un pariente cura, que había vivido en el portal de al lado, fue quien la bendijo el mismo día que al Nazareno se la pusieron sobre el hombro. No terminaba nunca sin dejar claro que el privilegio del gremio, como ella decía, era para siempre jamás y que la tarde del Sábado de Gloria, a más tardar…

Ya es la segunda vez que me dicen que aquí no puedo estar. Y que, a la carrerilla que traen, me va a tirar el trono de un momento a otro.

Ahora resulta que estorbo aquí delante de Él. Pero ese de la capa y el martillo no había nacido cuando era yo quien aguantaba la escalera mientras la descolgaban de lo alto de la pared; quien ayudaba a bajarla cada año con tiento y emoción; quién abría la gastada funda de un tafetán raído para que la señora aquella acariciara con su mano traslúcida los cantos de su lustrosa madera negra y la besara llorando antes de que nos la lleváramos, para siempre quizás.

El honor de bajar al Cristo, cepillar su túnica, ponérsela y cambiarle la peluca, estaba reservado a los dos mayordomos y nadie más que ellos lo presenció nunca

Porque ésa era otra. El comentario de cada año con la cruz a cuesta por los callejones hasta Santo Domingo, (yo a lo único que le metía el hombro era a la escalera), iba de que aquella joya de ébano y plata del Señor, no pintaba ya nada en aquel sombrío caserón y que el sitio dónde debía de estar para siempre jamás era la capilla de la cofradía. Argumentaba entonces el hermano mayor, sensato y en su sitio, que no le podíamos dar de ninguna manera ese disgusto, que con ella iba a extinguirse de un momento a otro aquella antigua familia perchelera y que más valía tener consideración, un poco de paciencia y esperar.

Con esto llegábamos por el patio de atrás a la iglesia donde los albaceas habían bajado ya el carrete del camarín y andaban pasándole el plumero y la bayeta. El honor de bajar al Cristo, cepillar su túnica, ponérsela y cambiarle la peluca, estaba reservado a los dos mayordomos y nadie más que ellos lo presenció nunca. Luego ya entre todos, éramos ocho o diez, lo subíamos al trono y se le colocaba la cruz. Mientras, yo le daba la enésima mano de barniz a las horquillas, en realidad aceite de linaza, cuyo olor penetrante y marinero, me vuelve cada vez que evoco todo aquello…

Si. Me echaré ya de una vez a un lado por no oírlo.

Pero detrás o delante (mejor detrás, incluso), porque yo, que he querido siempre ser su discípulo, cargando ahora con la cruz de mis años, esos que me impiden ya tomar el hachón y ponerme el capirote, pero aliviado por el dulce recuerdo de mis muchos años a su servicio, lo seguiré siempre hasta Santo Domingo.

J.Mª García Yorro

 

LA ÚLTIMA PRIEGO

LO SÉ MUY BIEN. Vendrán mañana a por ella como todos los años. Como todos los Domingos de Ramos, a eso de las nueve y media o de las diez.

Ha brotado el azahar de los naranjos en lo que queda de la huerta bajo mi balcón y un ramalazo de sol entra ya por el angosto ojo de patio de la cocina dándole justo al almirez que, en su columna de madera, agradecido, resplandece como si fuera de oro. Es la señal que sé desde pequeña.

Vendrán ceremoniosos y cordiales con Utrera al frente, con los estirados mayordomos, dos o tres endomingados más y el chico de la escalera al hombro, oliendo todos a un tabernario anís de mala muerte. Guardarán, eso sí, las formas pidiéndomela, aun dándome a entender el paripé. Y yo, que sé que es mía, que la pagó mi abuelo y pertenece de siempre a mi familia, que se bendijo por mi tío en esta misma casa, diré que sí a riesgo de perderla.

La llevo viendo ahí toda la vida. Como si fuera ayer, recuerdo el repostero de damasco carmesí que la enmarcaba y los faroles relucientes con sus cristales biselados y sus gruesos cirios que iluminaban toda la escalera. Se encendían tras el rosario cada tarde. Y las juntas del Gremio, en la capilla del entresuelo, con todos aquellos señorones de levita que se persignaban solemnes al pasar frente a ella subiendo del zaguán; y la fiesta familiar de su limpieza a fondo, el Domingo de Lázaro, con la tata Anita dirigiéndolo todo como la más antigua de la servidumbre: los cepillos y las bayetas para el polvo, los aceites para la caoba de la Guinea y las mixturas de Dios sabe qué para su plata. Yo conocía muy bien desde pequeña los pormenores de aquel resplandeciente laberinto de encaje labrado en metal noble y, aun hoy, con todas mis lagunas de memoria, podría precisar dónde está la diminuta marca del orfebre Montes o el angelote que sostiene la columna con su argolla y en qué lugar exacto se esconde el cesto de frutas derramadas.

Como si fuera ayer, recuerdo el repostero de damasco carmesí que la enmarcaba y los faroles relucientes con sus cristales biselados y sus gruesos cirios que iluminaban toda la escalera

De más sé yo que se encargó para el Señor del Paso por el Gremio. Pero mi abuelo Josef de Priego, que a la hora de la verdad fue el que puso su propia plata labrada y acuñada, no se fio nunca un pelo de los frailes de Santo Domingo e impuso para siempre jamás el privilegio de custodiarla en nuestra casa, dónde cinco generaciones sucesivas la hemos venerado como propia.

Cuantas veces la vi brillar en la Plaza con los primeros rayos del sol del Viernes Santo. Ni el trono abriéndose paso entre la bulla, ni las pértigas de los correonistas marcando el son contra los adoquines, ni los penitentes con sus hachones en alto, ni los frailes en hilera cantando el Miserere, llamaron mi atención de niña o de mujer. Era ella reluciente allí arriba sobre el hombro de nuestro Nazareno el signo que me conmovía en lo más hondo, el imán que me atraía hasta el misterio. Me queda aún de todo aquello, a lo que hace muchos años que no asisto, el recuerdo dulce de la emoción y el llanto con un fondo velado de ensoñación y de tambores.

Y la vuelta a su sitio y a su casa la tarde de cada Sábado de Gloria. Esa era para todos nosotros la verdadera bendición: verla de nuevo presidiendo la casa familiar, tenerla al alcance de nuestra vista, sentirnos cobijados por su sola presencia, poder recurrir a ella en los momentos difíciles con nada más que alzar los ojos. Cuanto he llorado de alegría viendo como la alzaban de nuevo sobre su repostero de la meseta de la escalera, mientras los cofrades y la familia entera entonaba un cántico solemne y antiguo como si fuera un himno: “Victoria tú reinarás, oh cruz, tú nos salvarás”.

Se cayeron hace tiempo los últimos jirones del repostero de damasco como se cayó a pedazos todo tras la filoxera. Y se vino abajo mi casa y mi familia como claudico yo ahora vencida por los achaques, por la espantosa soledad, los disgustos y mis muchos años, con la amargura diaria de tragarme (o fingir que no me entero) la insolencia de los inquilinos, la ordinariez de sus chismosas mujeres y aún las burlas de la chiquillería, hasta verme cada vez más arrinconada en este cuarto del que ya apenas salgo.

Sólo me queda ella, todavía ahí en el testero de la escalera, dónde toda la vida. Y mañana, lo sé muy bien, vendrán una vez más para llevársela.

Sólo me queda ella, todavía ahí en el testero de la escalera, dónde toda la vida. Y mañana, lo sé muy bien, vendrán una vez más para llevársela. Y conscientes de mi decrepitud y acabamiento, quizás me la arrebaten con cualquier argumento para siempre.

Sé muy bien que se hizo para el Señor del Paso y que a Él volverá más tarde o más temprano. Sólo le pido con toda mi alma y lo poco que queda de mis fuerzas  que, en esa hora final que ya se acerca,  me permita a mí, la última Priego,  poder alzar los ojos  y encomendarme a su santa cruz.

M.P.

El próximo 9 de marzo, concierto de la banda Miraflores-Gibraljaire en la Basílica

El próximo 9 de marzo, tras la celebración del triduo en honor al Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso, tendrá lugar el concierto ofrecido por la banda de música Miraflores-Gibraljaire. Será a las 21:00 horas en la Basílica.

LA IMPOSICIÓN DE MEDALLAS A LOS NUEVOS HERMANOS SERÁ EL 9 DE MARZO

Aquellos hermanos que quieran participar, deben comunicarlo personalmente en Secretaría o llamando al 952 61 27 76 antes del 7 de marzo.

Documental de creación de la obra de Chicano y presentación del cartel por Pedro Alarcón

En la tarde de ayer tuvo lugar la presentación de la obra pictórica que Eugenio Chicano ha realizado del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso. Dicha presentación, celebrada en las instalaciones del Ateneo de Málaga, corrió a cargo de nuestro hermano Pedro Alarcón, quien resaltó de manera técnica las cualidades de la obra así como el valor del perfil del Nazareno del Paso que se encuentra desconocido para una gran parte de la ciudadanía cofrade: “Eugenio Chicano muestra el perfil más oculto de Nazareno, tapado por el madero”. Puedes leer aquí la presentación completa de Pedro Alarcón.

Al finalizar el acto, se reprodujo el documental del proceso de creación del cartel a manos de Eugenio Chicano y que ha sido realizado por los archicofrades Manuel Navarro y Carmen Martínez. Puedes verlo completo en este enlace.

Fallece Dª Encarnación Chaparro Beltrán, madre de nuestro Secretario Jesús Caballero Chaparro

Con la tristeza de la despedida, lamentamos comunicar el triste fallecimiento de Dª Encarnación Chaparro Beltrán, madre de nuestro Secretario Jesús Caballero Chaparro.

Informamos que el cuerpo será velado a partir de las 13:30h del día de hoy, 19 de febrero, en la tanatosala 29. La misa corpore in sepulto será esta tarde a las 15:30h en la capilla 1 del cementerio de San Gabriel.

Que el Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso le bendiga y María Santísima de la Esperanza la cobije bajo su manto.

Fallece Dª Concepción Jiménez Olmedo, quien fuera Camarera Mayor de María Santísima de la Esperanza

Hermanos,

Con profunda tristeza comunicamos que Dª Concepción Jiménez Olmedo ha fallecido ayer domingo. Concha ocupó a lo largo de su vida diversos cargos en la Archicofradía llegando a ser Camarera Mayor de María Santísima de la Esperanza, por ello fue una de las personas más queridas entre los archicofrades.

El cuerpo está siendo velado en la tanatosala 22 y la misa corpore in sepulto será esta tarde a las 17:00 horas en Parcemasa. El próximo miércoles 20 de febrero a las 20:15 horas en la Basílica se celebrará la misa funeral.

Que el Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso le bendiga y María Santísima de la Esperanza la cobije bajo su manto. Descanse en paz.